En las presidenciales el poder electoral dio como
ganador al candidato oficialista, un resultado contrario a las
encuestas, a las
mediciones a boca de urna, y a las actas de los testigos. El Tribunal
Supremo ratificó el resultado sin que se publicaran las actas por
mesas y centros electorales que validaran ese resultado.
Cuando este evento se repite una y otra vez, el elector cree que su
voto no tendrá ningún efecto en el resultado, y se convence de que
en Venezuela
se vota, pero no se elige y que no volverá a votar porque no quiere
que le vuelvan a robar el voto.
La desesperanza aprendida es un concepto de la psicología que se
refiere a un estado mental en el que una persona se comporta
pasivamente, al ver que es inútil su acción para cambiar un
resultado no deseado. Esto genera frustración, impotencia y
resignación. La implantación de la desesperanza aprendida se revela
como una estrategia de dominación que influye en la conducta
electoral y se manifiesta en la abstención que convierte en mayoría
a la minoría oficialista.
En las elecciones de 2025 se elegirán 344 cargos, a saber: 285
diputados a la Asamblea Nacional 24 gobernadores 229 legisladores
regionales 335 alcaldes y
2.471 concejales Si la oposición logra competir con candidaturas
únicas y unitarias, presentar una oferta electoral
conectada con el sentir de la gente, y armar una maquinaria capaz
de defender los votos, el país descontento podrá recuperar la
confianza en el voto para capitalizar el rechazo a los candidatos
oficialistas, recuperar los espacios de lucha institucional y cambiar
la correlación de fuerzas políticas de abajo hacia arriba, desde los
estados y municipios.
La desconfianza en las instituciones genera un círculo vicioso: mientras más ciudadanos se abstienen de participar, más se consolida el control autoritario. Este fenómeno sociopolítico erosiona gradualmente los fundamentos democráticos y perpetúa el dominio de una minoría sobre la mayoría silenciada.