Todo empezó una mañana en la que me levanté con más sueño que dignidad. Entré al baño como un zombi buscando cerebros, pero con el objetivo claro de ducharme y parecer una persona funcional.
Agarré el envase blanco del estante, lo abrí, lo olí (curiosamente agradable), y me lo eché en la cabeza. Al principio pensé: “Wow, este nuevo shampoo sí que hidrata, se siente... como si me estuviera haciendo una ensalada en la cabeza”.
Spoiler: me estaba haciendo una ensalada en la cabeza.
Cinco minutos después, mientras me preguntaba por qué salían gotas de aceite por mi nuca, vi el frasco. MAYONESA LIGHT. Y encima era light, o sea que ni siquiera me iba a dar volumen.
Salí del baño oliendo como picnic, y lo peor: mi perro me miraba con ojos de amor verdadero. Nunca había sido tan deseado... por un chihuahua.
Y necesito también dos juegos de tapetes universales, creo que negros o grises, y las fundas para asientos de una pickup Dodge del 2000, creo que son en vinyl negro, y también me traes, si hay, los limpiadores de tablero que no sean muy brillosos.