Desde aquella noche, sufro pesadillas. Me asaltan y no me dejan dormir. Algunas parecen tan reales que siento que las vivo despierto…
No tengo tranquilidad. En las noches me despierto bañado en sudor, con espasmos… hay un sueño continuo y otros con demonios que aplastan mi pecho. ¿Acaso ya no encontraré sosiego?
Todo comenzó un otoño de 2004. Mi madre me despertó con urgencia:
Hijo, despierta. Tu tía Asunta está enferma. Debo verla… acompáñame.
Claro, mamá… iré contigo. Solo necesito pedir permiso en el colegio.
Debíamos viajar a Pucallpa, y el sol de Huánuco prometía un día cálido. Compramos los pasajes en Gran Turístico, a pesar de los viejos buses y su historial de accidentes…
A las nueve de la noche, el bus viejo comenzó su recorrido. Dentro, el olor añejo me obligó a abrir la ventana.
Siempre me gusta viajar junto a la ventana…
El camino era oscuro y frío. Mi madre apoyaba su cabeza en mi hombro mientras me contaba historias de aparecidos y condenados en el túnel de Carpish…
Fueron almas que penan… atropelladas, sacrificadas, atrapadas por los terrucos y los soldados…
Horas después, el bus se detuvo inesperadamente. Una llanta ponchada. Los pasajeros murmullaban preocupados…
¡Cambien la llanta! ¡Vamos, rápido! ¡No podemos esperar tanto!
El chofer y su ayudante llevaron la llanta para vulcanizarla. El frío calaba y algo extraño empezó a escucharse…
Escucho un llanto… un niño… no, es demasiado agudo…
¡Dios mío! ¿Qué es eso, hijito?
Era un ser que daba vueltas alrededor del bus, gimoteando, llorando, aullando… los pasajeros comenzaron a rezar, otros a llorar…
¡Ayuda! ¡Qué miedo! ¡Que alguien nos salve!
El terror nos envolvió. Gritos, ventanas rotas, pasajeros saltando…
¡Rápido, mamá! ¡Súbete a ese vehículo!
El lunes siguiente, el diario El Regional tituló:
«FANTASMA ESPANTA A PASAJEROS DE BUS EN TÚNEL DE CARPISH».
Años después, sigo sufriendo pesadillas. Sueño que estoy solo en ese bus, en la noche, cerca del túnel… completamente solo…