Mi querida hijita:
Hoy es tu cumpleaños, y aunque ya no pueda abrazarte como antes, quiero que sepas que estoy más cerca de lo que imaginas. Cada vez que sonríes, cada vez que miras al cielo o acaricias a Maury, ahí estoy yo, contigo.
Quiero agradecerte, desde lo más profundo de mi alma, por todo el amor, el cuidado y la paciencia que tuviste conmigo. Tú y tus hermanos fueron mi mayor orgullo, mi mayor regalo. Me fui en paz, sabiendo que todo lo que sembré en ustedes floreció con tanta fuerza.
No te preocupes por mí, hijita. Estoy bien. Me siento ligera, tranquila, y feliz al verlos seguir adelante. Pero lo que más deseo, hoy y siempre, es que tú seas feliz. Que vivas con alegría, con calma, y sin culpas. Yo te acompaño en cada paso, te cuido desde donde estoy, y te abrazo con el viento suave de la tarde.
Feliz cumpleaños, mi niña. Mi amor por ti es eterno.
Con todo mi cariño,
Tu mamá.
Buenas tardes querido grupo, que la Virgen Santísima los proteja y les dé mucha paz. Les mando muchas bendiciones y cariños para todos. Que tengan una tarde maravillosa y llena de alegría. Dios los bendiga siempre.